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Rutas:
Parada de metro: Casco Viejo
Los Jardines del Arenal son el portal de entrada al Centro Histórico al que en Bilbao llamamos cariñosamente el Casco Viejo, las Siete Calles. Aquí es donde nace la villa, aquí es donde estaba el puerto y desde este lugar, la ciudad se abrió al mundo sirviendo de puente entre el norte de Europa y los reinos hispánicos.
Jardines del Arenal
El Arenal, jardín y puerto, se refleja en la Ría. Árboles y senderos invitan a caminar y a sentarse a la sombra de las ramas de sus plátanos. Un kiosko y tres caminos con sus fuentes hablan de tiempos pasados. A un lado se asoma la fachada neobarroca del Teatro Arriaga y enfrente las torres de San Nicolás que guardan esa iglesia con recuerdos de pescadores y marinos. Bordeando la iglesia, la primera sede del Banco Bilbao mirando a una plazuela que coge su nombre del templo.
Plaza Nueva
Nos adentramos por la calle Askao y Fueros para dirigirnos al corazón de esta villa: a la Plaza Nueva. Nueva porque había otra vieja y nueva porque no deja nunca de reinventarse. Negocios y fiestas italianas de otros tiempos dejan hoy su espacio a bares, donde los pintxos se empujan por hacerse un sitio en la barra; y tiendas… y vida.
Plaza Miguel de Unamuno
Saliendo por uno de los arcos de esta plaza el que da hacia Sombrerería/Kapelagile, con el sabor de un txakoli aun en la boca, vislumbramos la Plaza Unamuno, y al llegar, si alzamos la vista nos cruzamos con la mirada del insigne escritor que desde su columna contempla las Calzadas de Mallona; cerca de esta plaza, en la calle Ronda, nació este genial bilbaíno, y por estas calles vivió y creció. Tomamos la calle de la Cruz hacia otra de las iglesias históricas de la villa.
Portal de Zamudio
La fachada de la iglesia de los Santos Juanes nos habla de la Contrarreforma y de la Compañía fundada por Iñigo de Loiola, San Ignacio, la cual se asienta en Bilbao y abre el Colegio de San Andrés, actual Euskal Museoa. El Portal de Zamudio nos abre las Siete Calles, las primeras, las que miraban a la Plaza Mayor. Y en este cruce de calles, donde estaba la puerta de la muralla medieval, a nuestra izquierda nos encontramos con la primera de las siete.
Calle Somera
Por Somera, la de más arriba, entramos en esta vorágine de vida. El Casco Viejo nunca ha dejado de ser un corazón comercial de esta ciudad. Al fondo de la calle, vemos el escudo vivo de la villa: la iglesia de San Antón que guarda el puente y defiende la ciudad de las aguas. Nos acercamos y vemos puente e iglesia, la Ría lo une todo.
Mercado de la Ribera
El Mercado de la Ribera, como un barco en el puerto viejo, está cargado de puestos con todo lo imaginable para hacer en Bilbao de la cocina un arte. Paseando bajo los pórticos de la Ribera sentimos como vive la villa: mercado y tiendas, coches y tranvía. Vamos dejando a un lado las calles… Artekale, Tendería, Belostikale, con el Palacio de Arana haciendo esquina.
Calle La Ribera
Por Belostikale nos dirigimos hacia el cantón que comunica las Siete Calles, Cantón J. Echevarria “Camarón”, y por el seguimos. Carnicería Vieja, Barrenkale y Barrenkale Barrena, la de más abajo, donde aún parece que los almacenes estén llenos de bacalao y aceite, para matar la necesidad con un buen pil-pil. Por esta última, nos internamos de nuevo en el Casco Viejo hasta encontrarnos con un palacio que fue torre y girando hacia la izquierda buscamos su fachada.
Palacio Yhon
Una estrella en el suelo enfrente de la fachada del Palacio de Yhon, conocido como “la Bolsa”, nos invita a mirar a la “Amatxu”, a la Virgen de Begoña que nos contempla desde las alturas. Las calles Santa María, Jardines y el Perro nos envuelven con su gente, con sus bares, con sus pintxos. Recorriendo esta última calle hallamos su conocida fuente para salir a Bidebarrieta y a la Plazuela de Santiago.
Plaza de Santiago
A la sombra de su única aguja se encuentra esta basílica-catedral, más vieja que la propia villa y del más puro estilo gótico llegado a estas tierras. Iglesia que dejó de serlo para ser basílica, y de aquí a catedral. Primera parroquia de la villa que vio nacer y crecer la ciudad. Sus naves invitan al sosiego y la luz que penetra por sus vidrieras envuelve al visitante. Saliendo por la puerta lateral: el pórtico, que aún sujeta esta iglesia. Bordeamos el templo para acercarnos a la Puerta del Ángel y buscar la concha jacobea, entre su decoración plateresca. Desde esta, al fondo, ya se vislumbra el Arenal, pero todavía hay que recorrer Correo.
Calle Correo
Por Correo, entre tiendas, vemos fachadas barrocas con impresionantes escudos. Hidalgos vizcaínos salieron de estas casas para ver mundo y por estas calles se dirigieron al Arenal, al puerto, como hacemos nosotros.

 

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